a las 21 horas en el Café GIJÓN
Paseo Recoletos, 21 - Madrid
Aparcamiento Colón
Telf: 915 215 425
Conferencia - Proyección
UN LARGO CAMINO HACIA EL K-2
![]() |
La historia de una amistad contada a través de las primeras expediciones aragonesas al Himalaya |
por
Lorenzo Ortas
NOTAS PREVIAS
![]() |
Artículos sobre Lorenzo Ortas en la revista DESNIVEL: |
RESUMEN DEL ACTO
Intervención
de Feliciano Llanas
Para celebrar este undécimo acto de la Asociación Cultural Conde
de Aranda contamos con la presencia de Lorenzo Ortas Pont, importante montañero
aragonés considerado en los medios especializados como uno de los más
importantes himalayistas de la actualidad. En este momento en que podemos
ver a muchos deportistas de élite dedicar más tiempo a negociar
las condiciones económicas de sus contratos que a competir, resulta
reconfortante conocer a personas como Lorenzo Ortas, que no buscan en el deporte
satisfacciones pecuniarias si no la superación personal y el cultivo
de la amistad. Me ha llamado mucho la atención que Lorenzo Ortas acostumbrado
a pasearse por las gélidas crestas del Karakorum o por los horripilantes
abismos del Himalaya como Pedro por su casa, dedique mención especial
en su curriculum a su primera ascensión al Aneto a la edad de 15 años,
demostrando con este entrañable detalle su pasión por nuestro
Pirineo donde aprendió a amar la montaña y el valor de la amistad.
RESUMEN DE LA INTERVENCIÓN DE LORENZO ORTAS PONT
Lorenzo Ortas ofreció una amena charla apoyada en una soberbia
proyección de fotografías, donde cuenta la historia de un grupo
de amigos forjado en las ascensiones que desde su juventud realizaban en los
Pirineos y los Alpes. Poco a poco fueron descubriendo sus posibilidades como
equipo y, a través de las montañas más importantes del
mundo el destino los llevó hacia el K2, donde sin sospecharlo encontraron
el final de ese largo recorrido.
1977. Primera ascensión
absoluta al Extremo Ausangate (5.850 m)
En
el Pirineo de Huesca comenzó esta historia tan bonita que hoy os voy
a relatar, y que llamo "Un largo camino hacia el K2".
Todo comenzó en el año 1977, cuando tuvimos la oportunidad de
salir de Europa por primera vez. Decidimos organizar esta nuestra primera
expedición a los Andes del Perú. Aunque hoy en día es
muy fácil ir a los Andes, en esa época para ir a los Andes se
necesitaban los preparativos y la parafernalia de una verdadera expedición.
Preparamos el equipo con unos amigos de San Sebastián, con ellos fuimos
a escalar unas montañas totalmente desconocidas para nosotros y de
las que no teníamos ninguna referencia, hasta el extremo que habíamos
hecho un folleto con una fotografía del Nevado Ausangate, que luego
resultó que no era el Nevado Ausangate, por tanto subimos sin saberlo
a otra montaña y resultó que sin saberlo fuimos los primeros
en alcanzar esa cima. Conseguimos todo un éxito del que pudimos disfrutar
luego cuando llegamos a Cuzco y nos fueron contando lo que habíamos
hecho.
Esta expedición resultó muy placentera, teníamos instalado
el campamento a 4.500 m de altura, y cada día recibíamos la
visita de los lugareños indios quechuas que nos vendían provisiones.
Incluso gozamos de agua caliente proporcionada por fuentes termales que por
allí discurrían. En realidad todas las montañas son muy
similares, lo que realmente diferencia unas montañas de otras es la
gente que vive a su pie.
A mí personalmente me encanta conocer nuevas gentes y nuevas costumbres.
En esta expedición venía con nosotros Carlos Buhler, que está
considerado hoy en día como el mejor alpinista de USA.
1980. Segunda ascensión al Baruntsc (7.160
m.), abriendo un nuevo itinerario.
En el año 1980 compartimos con compañeros de Montañeros
de Aragón de Zaragoza lo que fue nuestra primera expedición
al Himalaya. Fijamos como objetivo el Baruntsc con 7.200 m. que solo se había
ascendido una vez. Conocimos un nuevo país, Nepal, y nos vimos sorprendidos
por una nueva civilización, tuvimos la suerte de perder el equipaje
y nos quedamos en Katmandú durante 15 días hasta que se resolvió
el problema. Conocimos a gente muy entrañable y muy amable.
La marcha de aproximación al Baruntsc la hicimos andando, nos costó
15 días, partiendo de 700 m. ascendimos a los 4.000 m. del campamento
base. Esta larga marcha nos permitió conocer el país.
Para transportar nuestra impedimenta contamos con cien sherpas, gentes dedicadas
a la agricultura que complementan su maltrecha economía con estos trabajos.
Curiosamente caminaban descalzos y siempre llevaban la misma ropa hiciera
frío o calor; en esta expedición el comportamiento de los sherpas
fue excelente superando todas las dificultades con gran pundonor y profesionalidad.
El equipo lo formábamos los amigos de siempre: Carlos Buhler, Jerónimo
López, Javier Escartín y Pepe Díaz. La clave de nuestro
éxito ha sido la amistad que ha unido siempre al grupo. Cuando se realiza
una expedición aunque parezca mentira lo que menos se hace es escalar.
En una expedición de tres meses te puedes pasar dos meses metido en
una tienda de pequeñas dimensiones, en condiciones limite de salud,
fatiga, temperatura, provisiones etc. esperando una metereología favorable.
En esos difíciles momentos solo la amistad puede salvar la convivencia.
Una vez en el campamento base, decidimos abrir una nueva vía para realizar
la ascensión.
La ascensión consiste en ir montando diversos campamentos cada vez
a más altura. Hay que subir y bajar continuamente transportando el
material y adaptándose a la altura, esta fase de la ascensión
resulta muy cansada y aburrida. Según ascendíamos era mas difícil
encontrar un buen lugar para instalar el campamento dado que el terreno nos
era totalmente desconocido, por fin pudimos montar un campamento a 7.000 m.
muy cerca de la cumbre, y desde allí atacamos la cima. Al día
siguiente una expedición de franceses también llegó a
la cumbre por la otra vertiente, les habíamos ganado por muy poco tiempo;
cuando bajaban los vimos despeñarse por una grieta.
1983. Primera ascensión española
y undécima absoluta al Hidden Peak o Gasherbrum I (8.068 m.) Karakorum,
Pakistán.
Para
celebrar el 50 aniversario del nacimiento de Peña Guara (club alpinista
de Huesca), decidimos intentar el primer 8.000 aragonés. Cuando llegamos
a Pakistán nos encontramos con un país totalmente distinto al
Nepal. Pakistán, supongo que por su religión, es un país
muy cerrado, sus habitantes son muy introvertidos y presentan un aspecto muy
triste.
La aproximación la hicimos en autobús, recorrimos 800 kms. siguiendo
la ribera del río Indo hasta llegar al pie da las montañas del
Karakorum. En este viaje por el norte de Pakistán fuimos descubriendo
un país desértico, sin árboles, todo roca y piedras,
con pequeños oasis; encontramos en estas tierras tribus pastunes, la
etnia mas importante de la vecina Afganistán.
Por fin llegamos a Skardu, la capital del antiguo reino de Baltistán
al pie del Karakorum. Skardu es la ciudad más fea del mundo, no tiene
edificaciones, toda ella es una tienda de campaña continua llena de
polvo, de gentes y de animales. Aquí contratamos a los porteadores
que eran pequeños agricultores o ganaderos que sacan un sobresueldo
ayudando a estas expediciones. No era fácil ver a sus mujeres, las
tienen escondidas y estaba prohibido fotografiarlas. Ellas llevan el trabajo
duro del hogar y del campo mientras que los hombres se dedican a labores digamos
más "abstractas". Estos porteadores eran muy religiosos,
hacían sus oraciones diarias cada cinco horas, se trataba de gente
muy introvertida que no daban ninguna confianza para hablar de sus cosas,
estaban "sindicados" y no cargaban más de 23 Kg. por persona.
Llegamos al corazón del Karakorum e instalamos el campamento en la
llamada plaza de Concordia formada por la confluencia de tres glaciares: El
Baltoro, el Godwin Austen y el Abruzzi, estábamos rodeados por la cumbres
más altas de la tierra: El Gasherbrum IV, El Broad Peak, el "K2"
la segunda montaña mas alta de la tierra y el Hidden Peak también
llamado Gasherbrum I que íbamos a escalar. Curiosamente los 8.068 m.
del Hidden Peak no se ven hasta que no estas en su base.
Íbamos a intentar la primera escalada española y a abrir una
nueva ruta. Abrir nuevas vías no es muy corriente lo normal es que
las expediciones aprovechen las vías conocidas. El equipo lo formábamos:
Javier Escartín, Jerónimo López, Víctor Arnal,
Ignacio Cinto, Toño Ubieto y yo mismo. En esta ascensión la
novedad fue el uso de esquíes de montaña para estos menesteres.
Pasados varios días de ascensión hicimos cumbre después
de una maratoniana jornada de 24 horas seguidas. Caminando al atardecer llegamos
a la cumbre todos los expedicionarios a la vez y el descenso lo iniciamos
ya de noche. Fue un placer bajar desde 7.600 m. de altura a la luz de la luna
esquiando por esas nieves vírgenes, lo recuerdo como una de las vivencias
más impresionantes de mi vida.
1991. Primera ascensión aragonesa y cuarta
española al Everest (8.848 m.)
En 1989 montamos una expedición aragonesa para subir a la montaña
más alta del mundo por su vertiente china. Era un equipo muy numeroso
compuesto por dieciséis alpinistas de todo Aragón. La aproximación
la hicimos en camiones chinos hasta el mismo campamento base a 5.200 m. de
altitud, como el viaje fue muy rápido teníamos que parar por
los poblados para habituarnos a la altura. En este viaje pudimos conocer el
Tibet chino. El Tibet es un gran altiplano situado a 4.000 m. de altura, donde
hay lugares en los que al igual que en el desierto del Sahara solo se registran
75 litros de lluvia al año. En el Tibet chino "La Revolución
Cultural" arrasó con todos los monasterios y símbolos religiosos,
durante el viaje pudimos ver sus ruinas, sin embargo en el Tibet Indio se
conserva todo igual que en la antigüedad. Subimos en pleno Monzón,
contamos con porteadores tibetanos que se ayudaban de yaks y nos dejaron el
material en el campamento base avanzada a 6.400 m. de altitud.
La
expedición fue largísima, duró tres meses y medio. En
esta espera coincidimos con muchas expediciones entre ellas una militar de
Jaca, y hasta pudimos cartearnos regularmente con nuestras familias. Teníamos
que subir al Collado Norte que está a 7.100 m. y que es uno de los
lugares más desapacibles de los que conozco, allí montamos un
campamento. Las nevadas eran copiosas y continuas, en muchas ocasiones nos
cubrieron las tiendas con más de dos metros de nieve. Los sherpas,
más experimentados, nos decían que nevaba mucho y que era imposible
la ascensión, pero nosotros como buenos aragoneses siempre "p´alante",
así que seguimos montando tiendas y campamentos, que continuamente
perdíamos en la nieve. De los tres meses y medio que duró la
expedición solo tuvimos 22 jornadas de actividad real, el resto de
los días los pasamos esperando en las tiendas al buen tiempo. El último
campamento lo instalamos a 8.350 m. a tan solo 500 m. de desnivel de la cumbre.
Realmente los sherpas tenían razón, nos fue imposible llegar
a la cima, pero hay que decir en nuestro honor que hasta que no nos llegó
la nieve al pecho no nos dimos la vuelta. Siempre me preguntan si en estos
momentos de renuncia se siente mucha frustración. Así nos sentíamos
cuando decidimos volver a casa (Lorenzo proyecta varias fotografías
de los miembros de la expedición bailando en una improvisada fiesta
en el campamento base con los componentes de otras expediciones). Nos quedamos
con muchas ganas de volver y lo hicimos dos años mas tarde en el año
1991.
Unos alpinistas Valencianos nos invitaron a participar en su expedición,
desde entonces nos hicimos amigos. Esta vez lo intentamos por la cara sur
la cara nepalí. Fuimos en avión hasta un peligroso aeródromo
situado en Lukla al borde de un precipicio, la pista la mantenía y
reparaba un señor con una "jada", por eso lo llamábamos
el "aereohuerto". Aunque el avión nos ahorró muchas
jornadas de marcha, aun pudimos andar quince días.
De nuevo estábamos en el Nepal, país amable donde la religión
lo inunda todo. La ruta sur del Everest está muy frecuentada, se ha
convertido en un camino muy cómodo para el turismo, toda ella se encuentra
jalonada de albergues bastante confortables con agua caliente y comida, como
el único combustible existente es la leña se está provocando
una peligrosa deforestación. También encontramos yaks esta vez
conducidos por sherpas; los sherpas y los tibetanos son como los gallegos
y los portugueses, no hablan el mismo idioma pero se entienden entre ellos
con gran facilidad.
Aquí los porteadores no ponían límites a sus cargas algunos
podían transportar hasta 40 kg. entre su impedimenta y nuestro material.
Instalamos el campo base en el glaciar de Rhumbu, curiosamente desde este
campamento no se veía el Everest. Nos metimos en el impresionante glaciar,
en la zona llamada la cascada del Khumbu que avanza un metro diario, donde
las grietas se convierten de un día para otro en grandes simas, para
poder franquearlas hay que tender puentes por medio de escalerillas de aluminio,
que se van empalmando unas con otras según la anchura cambiante de
la grieta. Para cruzar las grietas más grandes había puentes
de hasta cinco escaleras unidas; pasar por estas escaleras era una maniobra
peligrosísima y confieso que sentí autentico miedo. Hoy en día
hay un equipo de Sherpas que se dedica al mantenimiento de estas escalerillas
que hacen transitable el glaciar.
Las expediciones al Everest necesitan una infraestructura muy importante por
lo tanto se hace imprescindible la ayuda de los sherpas. En esta ocasión
no tuvimos suerte con los porteadores, eran buena gente pero no tenían
experiencia pues nunca habían estado en el Everest, por eso decíamos
que llegamos a la cima a pesar de los sherpas.
El campamento "1" lo instalamos al pie de la comba oeste en una
zona protegida de las avalanchas a 6.100 m. de altura, desde aquí ya
se veía la cumbre. El tercer campamento estaba instalado en el Collado
Sur a 8.000 m., a partir de esta altitud comenzamos a usar oxigeno. Subir
al Everest sin oxigeno solo está al alcance de algún privilegiado
que cuente con una fortaleza física excepcional y con un gran equipo
de apoyo que le abra todo el camino.
El Collado Sur resultó muy inhóspito incluso mas todavía
que el Collado Norte que ya lo conocíamos. Aquí pasamos dos
días esperando un clima favorable para atacar la cumbre. Fue muy duro
pues la ruta estaba sin abrir y los sherpas no habían sido capaces
de llegar a estas altitudes, por tanto tuvimos que portear el material y el
oxigeno a nuestras espaldas. El 6 de octubre llegaron a la cumbre Pepe Garcés
y Toño Ubieto con dos valencianos. Esta ascensión fue muy celebrada,
cuando llegamos a Huesca nos estaban esperando mas de 4.000 personas en la
"Plaza Zaragoza".
1995. Primera ascensión aragonesa al "K2"
(8.611m.)
Después del Everest el reto estaba en la montaña más
bella del mundo el "K2". La cima que Messner llamó la montaña
de las montañas, una pirámide perfecta de 8.611 m., la segunda
montaña más alta del mundo.
De nuevo llegamos a Skardu, y repetimos todo el camino que ya hicimos en 1983
hasta el Hidden Peak, pero esta vez hicimos la ruta en vehículos militares
por una pista abierta por el ejército, esta nueva carretera nos impidió
pasar por todos los pueblecitos que conocimos la vez anterior.
En
la expedición iba: Javier Escartín, Javier Olivar, Lorenzo Ortiz,
Manuel Avellanas, Manuel Ansón, Pepe Garcés y yo mismo. Elegimos
la ruta Cesen que en ese momento no se había completado todavía.
Cuando llegamos al "K2" esta ruta ya había sido abierta en
su totalidad por unos montañeros vascos. Nos tendríamos que
conformar con ser los segundos. El campamento base se instaló a 5.000
m. de altura en plena morrena del glaciar del Baltoro. Según organizábamos
el campamento viendo la impresionante mole del "K2" fuimos tomando
conciencia de la dificultad que entrañaba esta expedición. Una
vez montado el campamento "1" a 5.600 m. tuvimos pruebas de que
nuestras preocupaciones no eran vanas. Una expedición catalana que
estaba intentando sin éxito la misma vía que nosotros decidió
volverse a casa, el último día de descenso perdió a uno
de sus componentes Jordi Anglés que se despeñó desde
mil metros, y tuvimos que ayudarles a recuperar el cuerpo. No acabaron allí
nuestros sustos, el jefe de cocina del equipo enfermó gravemente con
una peritonitis. Manolo Avellanas que trabaja de médico en una UVI,
con la ayuda de los médicos de otras expediciones lograron mantener
con vida a nuestro cocinero durante tres días hasta que llegó
un helicóptero de rescate. La ruta elegida estaba bastante protegida
de las avalanchas de nieve y hielo que continuamente caían con gran
estruendo hasta la base del glaciar que tiene 3 km. de ancho, por eso para
poder cruzar este glaciar nos veíamos obligados a dar una larga caminata
rodeando su base.
El inicio de la ruta de ascenso no es muy difícil, es una empinada
rampa de hielo y nieve de tres mil metros de desnivel, surcada por unas barreras
rocosas que hubiera sido muy fácil franquearlas sin el peso de la mochila.
En esta pendiente no hay posibilidad de encontrar un pequeño hueco
donde poder descansar confortablemente sentado. Por fin a 6.600 m. pudimos
instalar el campamento "2" en una pequeña plataforma que
hicimos cavando en la nieve. Las nevadas eran copiosas y continuas cubriéndonos
la nieve en todo momento el material, incluso cuando dormíamos teníamos
que salir cada poco rato a retirar la nieve que tapaba totalmente nuestras
tiendas. El mal tiempo nos obligó a instalar cuerdas fijas, las usábamos
sobre todo para bajar, estas cuerdas nos ayudaron a no perder el contacto
con el campamento base.
Estuvimos dos meses en el empeño de abrir la ruta. Cuando alcanzamos
los 7.000 m. empeoró el tiempo; se nos acababa el plazo de la expedición
y esperábamos anhelantes un cambio de clima que nos permitiera poder
atacar la cumbre con garantías o cuando menos subir a recuperar el
material. Por fin el día 9 de Agosto celebramos la fiesta del patrón
de Huesca San Lorenzo y también celebramos el cambio favorable de las
condiciones atmosféricas, ésta era la última oportunidad
que teníamos para atacar la cima. Nos agrupamos con otros alpinistas
que habían quedado de otras expediciones fracasadas: había una
expedición neozelandesa y otra norteamericana en la que estaba una
chica Alison Hargreaves muy famosa en Inglaterra, y decidimos subir todos
juntos a la cumbre. Ellos irían por la ruta normal, nosotros por la
nuestra que ya teníamos preparada y nos encontraríamos en el
Hombro.
Iniciamos la ascensión el día 9 de Agosto a las 22 horas, la
marcha fue agotadora pues las cuerdas fijas estaban tapadas por la nieve,
empleamos en descubrirlas 4 de las 8 horas que duró la jornada de trabajo.
Al día siguiente con buen tiempo llegamos a 7.000 m. y ascendimos hasta
el campamento "3" que teníamos a 7.100 m. Esta es la máxima
altura a la que habíamos sido capaces de llegar. Hacia tanto calor
que decidimos escalar de noche y descansar de día. Arrancamos a las
diez de la noche, al amanecer llegamos al Hombro, estábamos a 8.000
m. y aun íbamos sin oxígeno, pero teníamos que parar
cada diez pasos a descansar, en esta altitud montamos dos pequeñas
tiendas, allí fueron llegando los neozelandeses, los americanos y Alison.
Al día siguiente a las doce de la noche partirían hacia la cumbre.
Yo estaba destrozado y solo la extrema necesidad para mis compañeros
del material que porteaba me dio las suficientes fuerzas para llegar, por
lo tanto decidí esperarles protegido en las dos pequeñas tiendas.
A las doce de la noche partieron: Javier Escartín, Javier Olivar, Lorenzo
Ortiz, Pepe Garcés y los demás expedicionarios. Pepe Garcés
se volvió a las tiendas enseguida por que tenía mucho frío,
había padecido congelaciones en el Everest y sufría mucho. También
bajaron algunos neozelandeses y más tarde un canadiense que nos pidió
agua y continuó la marcha hacia su campamento.
Sólo
quedaban en la montaña nuestros tres amigos, Alison, el norteamericano
Rob Slater y un neozelandés. Durante todo el día estuvieron
atacando la cumbre; desde el campamento base y desde el hombro fuimos contactando
con ellos por radio y al final muy tarde a las 18,30h nos hablaron desde la
cima. Les dijimos asustados que era muy tarde y que bajaran rápidamente,
esta fue la última vez que hablamos con ellos. Se nos echó la
noche encima y se levantó una terrible tormenta que duró 5 horas,
arrasó el campamento base, y por supuesto las dos pequeñas tiendas
en las que intentábamos protegernos Pepe Garcés y yo también
volaron. Pasamos la noche sentados encima de la nieve con la esperanza de
que nuestros amigos se hubieran resguardado en algún sitio.
Al día siguiente la cumbre apareció despejada, no sabíamos
nada de nuestros amigos, Pepe y yo lo estábamos pasando muy mal, el
viento se lo había llevado todo, no nos quedaba nada, ni agua, ni guantes
ni sacos de dormir, teníamos congelaciones en las manos y Pepe se quejaba
de frío en los pies, por tanto, como nada podíamos hacer decidimos
bajar. Dos días nos costó llegar al campamento base, y durante
una semana estuvimos desde el campamento base mirando hacia la montaña
esperando cualquier señal de vida.
El canadiense, que nos había pedido agua murió de agotamiento
al llegar a su campamento. Los neozelandeses bajaron sin ninguna esperanza
de que nadie volviera de la montaña, yo por mi parte durante el descenso
había encontrado el anorak y una bota de Alison señal inequívoca
de que se había despeñado. Seguimos esperando pues no nos cabía
en la cabeza que todos nuestros amigos hubieran desaparecido. En ese tiempo,
mientras vino un helicóptero a rescatarnos, nos fuimos cuidando las
congelaciones. En el campamento base sólo se quedaron los porteadores
para recoger el material y regresar a Skardu.
En el "K2" desaparecieron nuestros tres amigos: Javier Escartín,
era mi amigo, mi compañero de escalada de toda la vida, él representaba
el alma de nuestro grupo, con su desaparición se perdió el espíritu
de equipo del alpinismo oscense que Javier venía liderando desde nuestras
primeras expediciones en el año 77. Javier Olivar, fue su primera expedición
al Himalaya, trabajaba como guarda en el refugio de Goriz, había hecho
un sacrificio muy grande para venir a esta montaña. Lorenzo Ortiz,
fue un alpinista muy fuerte y muy completo que había escalado las paredes
más difíciles. Era la esperanza del montañismo aragonés.
Ya han pasado seis años, los recuerdos que nos quedan son los ratos
tan buenos y agradables que pasamos en aquella expedición; yo no sé
si consciente o inconscientemente siempre intentamos que la evocación
de estos entrañables momentos superen la tragedia que pudimos vivir.
Estos recuerdos nos animan a que continúe nuestra vida con nuevos proyectos
y que nuestras ganas de ir a la montaña no hayan desaparecido. Lo importante
es como vives y no como mueres, los montañeros tenemos asumido que
nos puede pasar cualquier cosa, pero afortunadamente son más fuertes
nuestras ganas de vivir y de ascender montañas.