11º Acto. Día 6 de octubre de 2001

a las 21 horas en el Café GIJÓN
Paseo Recoletos, 21 - Madrid
Aparcamiento Colón
Telf: 915 215 425

INAUGURACIÓN DE LA TEMPORADA 2001 - 2002

Conferencia - Proyección

UN LARGO CAMINO HACIA EL K-2

La historia de una amistad contada a través de las primeras expediciones aragonesas al Himalaya

por

Lorenzo Ortas


NOTAS PREVIAS

Artículos sobre Lorenzo Ortas en la revista DESNIVEL:

> Su historia

> Artículo de Jorge Ascaso

RESUMEN DEL ACTO

Feliciano Llanas, Lorenzo Ortas y Marisol ToroIntervención de Feliciano Llanas
Para celebrar este undécimo acto de la Asociación Cultural Conde de Aranda contamos con la presencia de Lorenzo Ortas Pont, importante montañero aragonés considerado en los medios especializados como uno de los más importantes himalayistas de la actualidad. En este momento en que podemos ver a muchos deportistas de élite dedicar más tiempo a negociar las condiciones económicas de sus contratos que a competir, resulta reconfortante conocer a personas como Lorenzo Ortas, que no buscan en el deporte satisfacciones pecuniarias si no la superación personal y el cultivo de la amistad. Me ha llamado mucho la atención que Lorenzo Ortas acostumbrado a pasearse por las gélidas crestas del Karakorum o por los horripilantes abismos del Himalaya como Pedro por su casa, dedique mención especial en su curriculum a su primera ascensión al Aneto a la edad de 15 años, demostrando con este entrañable detalle su pasión por nuestro Pirineo donde aprendió a amar la montaña y el valor de la amistad.

RESUMEN DE LA INTERVENCIÓN DE LORENZO ORTAS PONT
Lorenzo Ortas ofreció una amena charla apoyada en una soberbia proyección de fotografías, donde cuenta la historia de un grupo de amigos forjado en las ascensiones que desde su juventud realizaban en los Pirineos y los Alpes. Poco a poco fueron descubriendo sus posibilidades como equipo y, a través de las montañas más importantes del mundo el destino los llevó hacia el K2, donde sin sospecharlo encontraron el final de ese largo recorrido.

1977. Primera ascensión absoluta al Extremo Ausangate (5.850 m)
En el Pirineo de Huesca comenzó esta historia tan bonita que hoy os voy a relatar, y que llamo "Un largo camino hacia el K2".
Todo comenzó en el año 1977, cuando tuvimos la oportunidad de salir de Europa por primera vez. Decidimos organizar esta nuestra primera expedición a los Andes del Perú. Aunque hoy en día es muy fácil ir a los Andes, en esa época para ir a los Andes se necesitaban los preparativos y la parafernalia de una verdadera expedición.
Preparamos el equipo con unos amigos de San Sebastián, con ellos fuimos a escalar unas montañas totalmente desconocidas para nosotros y de las que no teníamos ninguna referencia, hasta el extremo que habíamos hecho un folleto con una fotografía del Nevado Ausangate, que luego resultó que no era el Nevado Ausangate, por tanto subimos sin saberlo a otra montaña y resultó que sin saberlo fuimos los primeros en alcanzar esa cima. Conseguimos todo un éxito del que pudimos disfrutar luego cuando llegamos a Cuzco y nos fueron contando lo que habíamos hecho.
Esta expedición resultó muy placentera, teníamos instalado el campamento a 4.500 m de altura, y cada día recibíamos la visita de los lugareños indios quechuas que nos vendían provisiones. Incluso gozamos de agua caliente proporcionada por fuentes termales que por allí discurrían. En realidad todas las montañas son muy similares, lo que realmente diferencia unas montañas de otras es la gente que vive a su pie.
A mí personalmente me encanta conocer nuevas gentes y nuevas costumbres. En esta expedición venía con nosotros Carlos Buhler, que está considerado hoy en día como el mejor alpinista de USA.

1980. Segunda ascensión al Baruntsc (7.160 m.), abriendo un nuevo itinerario.
En el año 1980 compartimos con compañeros de Montañeros de Aragón de Zaragoza lo que fue nuestra primera expedición al Himalaya. Fijamos como objetivo el Baruntsc con 7.200 m. que solo se había ascendido una vez. Conocimos un nuevo país, Nepal, y nos vimos sorprendidos por una nueva civilización, tuvimos la suerte de perder el equipaje y nos quedamos en Katmandú durante 15 días hasta que se resolvió el problema. Conocimos a gente muy entrañable y muy amable.
La marcha de aproximación al Baruntsc la hicimos andando, nos costó 15 días, partiendo de 700 m. ascendimos a los 4.000 m. del campamento base. Esta larga marcha nos permitió conocer el país.
Para transportar nuestra impedimenta contamos con cien sherpas, gentes dedicadas a la agricultura que complementan su maltrecha economía con estos trabajos. Curiosamente caminaban descalzos y siempre llevaban la misma ropa hiciera frío o calor; en esta expedición el comportamiento de los sherpas fue excelente superando todas las dificultades con gran pundonor y profesionalidad.
El equipo lo formábamos los amigos de siempre: Carlos Buhler, Jerónimo López, Javier Escartín y Pepe Díaz. La clave de nuestro éxito ha sido la amistad que ha unido siempre al grupo. Cuando se realiza una expedición aunque parezca mentira lo que menos se hace es escalar. En una expedición de tres meses te puedes pasar dos meses metido en una tienda de pequeñas dimensiones, en condiciones limite de salud, fatiga, temperatura, provisiones etc. esperando una metereología favorable. En esos difíciles momentos solo la amistad puede salvar la convivencia.
Una vez en el campamento base, decidimos abrir una nueva vía para realizar la ascensión.
La ascensión consiste en ir montando diversos campamentos cada vez a más altura. Hay que subir y bajar continuamente transportando el material y adaptándose a la altura, esta fase de la ascensión resulta muy cansada y aburrida. Según ascendíamos era mas difícil encontrar un buen lugar para instalar el campamento dado que el terreno nos era totalmente desconocido, por fin pudimos montar un campamento a 7.000 m. muy cerca de la cumbre, y desde allí atacamos la cima. Al día siguiente una expedición de franceses también llegó a la cumbre por la otra vertiente, les habíamos ganado por muy poco tiempo; cuando bajaban los vimos despeñarse por una grieta.

1983. Primera ascensión española y undécima absoluta al Hidden Peak o Gasherbrum I (8.068 m.) Karakorum, Pakistán.
Para celebrar el 50 aniversario del nacimiento de Peña Guara (club alpinista de Huesca), decidimos intentar el primer 8.000 aragonés. Cuando llegamos a Pakistán nos encontramos con un país totalmente distinto al Nepal. Pakistán, supongo que por su religión, es un país muy cerrado, sus habitantes son muy introvertidos y presentan un aspecto muy triste.
La aproximación la hicimos en autobús, recorrimos 800 kms. siguiendo la ribera del río Indo hasta llegar al pie da las montañas del Karakorum. En este viaje por el norte de Pakistán fuimos descubriendo un país desértico, sin árboles, todo roca y piedras, con pequeños oasis; encontramos en estas tierras tribus pastunes, la etnia mas importante de la vecina Afganistán.
Por fin llegamos a Skardu, la capital del antiguo reino de Baltistán al pie del Karakorum. Skardu es la ciudad más fea del mundo, no tiene edificaciones, toda ella es una tienda de campaña continua llena de polvo, de gentes y de animales. Aquí contratamos a los porteadores que eran pequeños agricultores o ganaderos que sacan un sobresueldo ayudando a estas expediciones. No era fácil ver a sus mujeres, las tienen escondidas y estaba prohibido fotografiarlas. Ellas llevan el trabajo duro del hogar y del campo mientras que los hombres se dedican a labores digamos más "abstractas". Estos porteadores eran muy religiosos, hacían sus oraciones diarias cada cinco horas, se trataba de gente muy introvertida que no daban ninguna confianza para hablar de sus cosas, estaban "sindicados" y no cargaban más de 23 Kg. por persona.
Llegamos al corazón del Karakorum e instalamos el campamento en la llamada plaza de Concordia formada por la confluencia de tres glaciares: El Baltoro, el Godwin Austen y el Abruzzi, estábamos rodeados por la cumbres más altas de la tierra: El Gasherbrum IV, El Broad Peak, el "K2" la segunda montaña mas alta de la tierra y el Hidden Peak también llamado Gasherbrum I que íbamos a escalar. Curiosamente los 8.068 m. del Hidden Peak no se ven hasta que no estas en su base.
Íbamos a intentar la primera escalada española y a abrir una nueva ruta. Abrir nuevas vías no es muy corriente lo normal es que las expediciones aprovechen las vías conocidas. El equipo lo formábamos: Javier Escartín, Jerónimo López, Víctor Arnal, Ignacio Cinto, Toño Ubieto y yo mismo. En esta ascensión la novedad fue el uso de esquíes de montaña para estos menesteres. Pasados varios días de ascensión hicimos cumbre después de una maratoniana jornada de 24 horas seguidas. Caminando al atardecer llegamos a la cumbre todos los expedicionarios a la vez y el descenso lo iniciamos ya de noche. Fue un placer bajar desde 7.600 m. de altura a la luz de la luna esquiando por esas nieves vírgenes, lo recuerdo como una de las vivencias más impresionantes de mi vida.

1991. Primera ascensión aragonesa y cuarta española al Everest (8.848 m.)
En 1989 montamos una expedición aragonesa para subir a la montaña más alta del mundo por su vertiente china. Era un equipo muy numeroso compuesto por dieciséis alpinistas de todo Aragón. La aproximación la hicimos en camiones chinos hasta el mismo campamento base a 5.200 m. de altitud, como el viaje fue muy rápido teníamos que parar por los poblados para habituarnos a la altura. En este viaje pudimos conocer el Tibet chino. El Tibet es un gran altiplano situado a 4.000 m. de altura, donde hay lugares en los que al igual que en el desierto del Sahara solo se registran 75 litros de lluvia al año. En el Tibet chino "La Revolución Cultural" arrasó con todos los monasterios y símbolos religiosos, durante el viaje pudimos ver sus ruinas, sin embargo en el Tibet Indio se conserva todo igual que en la antigüedad. Subimos en pleno Monzón, contamos con porteadores tibetanos que se ayudaban de yaks y nos dejaron el material en el campamento base avanzada a 6.400 m. de altitud.
La expedición fue largísima, duró tres meses y medio. En esta espera coincidimos con muchas expediciones entre ellas una militar de Jaca, y hasta pudimos cartearnos regularmente con nuestras familias. Teníamos que subir al Collado Norte que está a 7.100 m. y que es uno de los lugares más desapacibles de los que conozco, allí montamos un campamento. Las nevadas eran copiosas y continuas, en muchas ocasiones nos cubrieron las tiendas con más de dos metros de nieve. Los sherpas, más experimentados, nos decían que nevaba mucho y que era imposible la ascensión, pero nosotros como buenos aragoneses siempre "p´alante", así que seguimos montando tiendas y campamentos, que continuamente perdíamos en la nieve. De los tres meses y medio que duró la expedición solo tuvimos 22 jornadas de actividad real, el resto de los días los pasamos esperando en las tiendas al buen tiempo. El último campamento lo instalamos a 8.350 m. a tan solo 500 m. de desnivel de la cumbre. Realmente los sherpas tenían razón, nos fue imposible llegar a la cima, pero hay que decir en nuestro honor que hasta que no nos llegó la nieve al pecho no nos dimos la vuelta. Siempre me preguntan si en estos momentos de renuncia se siente mucha frustración. Así nos sentíamos cuando decidimos volver a casa (Lorenzo proyecta varias fotografías de los miembros de la expedición bailando en una improvisada fiesta en el campamento base con los componentes de otras expediciones). Nos quedamos con muchas ganas de volver y lo hicimos dos años mas tarde en el año 1991.
Unos alpinistas Valencianos nos invitaron a participar en su expedición, desde entonces nos hicimos amigos. Esta vez lo intentamos por la cara sur la cara nepalí. Fuimos en avión hasta un peligroso aeródromo situado en Lukla al borde de un precipicio, la pista la mantenía y reparaba un señor con una "jada", por eso lo llamábamos el "aereohuerto". Aunque el avión nos ahorró muchas jornadas de marcha, aun pudimos andar quince días.
De nuevo estábamos en el Nepal, país amable donde la religión lo inunda todo. La ruta sur del Everest está muy frecuentada, se ha convertido en un camino muy cómodo para el turismo, toda ella se encuentra jalonada de albergues bastante confortables con agua caliente y comida, como el único combustible existente es la leña se está provocando una peligrosa deforestación. También encontramos yaks esta vez conducidos por sherpas; los sherpas y los tibetanos son como los gallegos y los portugueses, no hablan el mismo idioma pero se entienden entre ellos con gran facilidad.
Aquí los porteadores no ponían límites a sus cargas algunos podían transportar hasta 40 kg. entre su impedimenta y nuestro material. Instalamos el campo base en el glaciar de Rhumbu, curiosamente desde este campamento no se veía el Everest. Nos metimos en el impresionante glaciar, en la zona llamada la cascada del Khumbu que avanza un metro diario, donde las grietas se convierten de un día para otro en grandes simas, para poder franquearlas hay que tender puentes por medio de escalerillas de aluminio, que se van empalmando unas con otras según la anchura cambiante de la grieta. Para cruzar las grietas más grandes había puentes de hasta cinco escaleras unidas; pasar por estas escaleras era una maniobra peligrosísima y confieso que sentí autentico miedo. Hoy en día hay un equipo de Sherpas que se dedica al mantenimiento de estas escalerillas que hacen transitable el glaciar.
Las expediciones al Everest necesitan una infraestructura muy importante por lo tanto se hace imprescindible la ayuda de los sherpas. En esta ocasión no tuvimos suerte con los porteadores, eran buena gente pero no tenían experiencia pues nunca habían estado en el Everest, por eso decíamos que llegamos a la cima a pesar de los sherpas.
El campamento "1" lo instalamos al pie de la comba oeste en una zona protegida de las avalanchas a 6.100 m. de altura, desde aquí ya se veía la cumbre. El tercer campamento estaba instalado en el Collado Sur a 8.000 m., a partir de esta altitud comenzamos a usar oxigeno. Subir al Everest sin oxigeno solo está al alcance de algún privilegiado que cuente con una fortaleza física excepcional y con un gran equipo de apoyo que le abra todo el camino.
El Collado Sur resultó muy inhóspito incluso mas todavía que el Collado Norte que ya lo conocíamos. Aquí pasamos dos días esperando un clima favorable para atacar la cumbre. Fue muy duro pues la ruta estaba sin abrir y los sherpas no habían sido capaces de llegar a estas altitudes, por tanto tuvimos que portear el material y el oxigeno a nuestras espaldas. El 6 de octubre llegaron a la cumbre Pepe Garcés y Toño Ubieto con dos valencianos. Esta ascensión fue muy celebrada, cuando llegamos a Huesca nos estaban esperando mas de 4.000 personas en la "Plaza Zaragoza".

1995. Primera ascensión aragonesa al "K2" (8.611m.)
Después del Everest el reto estaba en la montaña más bella del mundo el "K2". La cima que Messner llamó la montaña de las montañas, una pirámide perfecta de 8.611 m., la segunda montaña más alta del mundo.
De nuevo llegamos a Skardu, y repetimos todo el camino que ya hicimos en 1983 hasta el Hidden Peak, pero esta vez hicimos la ruta en vehículos militares por una pista abierta por el ejército, esta nueva carretera nos impidió pasar por todos los pueblecitos que conocimos la vez anterior.

En la expedición iba: Javier Escartín, Javier Olivar, Lorenzo Ortiz, Manuel Avellanas, Manuel Ansón, Pepe Garcés y yo mismo. Elegimos la ruta Cesen que en ese momento no se había completado todavía. Cuando llegamos al "K2" esta ruta ya había sido abierta en su totalidad por unos montañeros vascos. Nos tendríamos que conformar con ser los segundos. El campamento base se instaló a 5.000 m. de altura en plena morrena del glaciar del Baltoro. Según organizábamos el campamento viendo la impresionante mole del "K2" fuimos tomando conciencia de la dificultad que entrañaba esta expedición. Una vez montado el campamento "1" a 5.600 m. tuvimos pruebas de que nuestras preocupaciones no eran vanas. Una expedición catalana que estaba intentando sin éxito la misma vía que nosotros decidió volverse a casa, el último día de descenso perdió a uno de sus componentes Jordi Anglés que se despeñó desde mil metros, y tuvimos que ayudarles a recuperar el cuerpo. No acabaron allí nuestros sustos, el jefe de cocina del equipo enfermó gravemente con una peritonitis. Manolo Avellanas que trabaja de médico en una UVI, con la ayuda de los médicos de otras expediciones lograron mantener con vida a nuestro cocinero durante tres días hasta que llegó un helicóptero de rescate. La ruta elegida estaba bastante protegida de las avalanchas de nieve y hielo que continuamente caían con gran estruendo hasta la base del glaciar que tiene 3 km. de ancho, por eso para poder cruzar este glaciar nos veíamos obligados a dar una larga caminata rodeando su base.
El inicio de la ruta de ascenso no es muy difícil, es una empinada rampa de hielo y nieve de tres mil metros de desnivel, surcada por unas barreras rocosas que hubiera sido muy fácil franquearlas sin el peso de la mochila. En esta pendiente no hay posibilidad de encontrar un pequeño hueco donde poder descansar confortablemente sentado. Por fin a 6.600 m. pudimos instalar el campamento "2" en una pequeña plataforma que hicimos cavando en la nieve. Las nevadas eran copiosas y continuas cubriéndonos la nieve en todo momento el material, incluso cuando dormíamos teníamos que salir cada poco rato a retirar la nieve que tapaba totalmente nuestras tiendas. El mal tiempo nos obligó a instalar cuerdas fijas, las usábamos sobre todo para bajar, estas cuerdas nos ayudaron a no perder el contacto con el campamento base.
Estuvimos dos meses en el empeño de abrir la ruta. Cuando alcanzamos los 7.000 m. empeoró el tiempo; se nos acababa el plazo de la expedición y esperábamos anhelantes un cambio de clima que nos permitiera poder atacar la cumbre con garantías o cuando menos subir a recuperar el material. Por fin el día 9 de Agosto celebramos la fiesta del patrón de Huesca San Lorenzo y también celebramos el cambio favorable de las condiciones atmosféricas, ésta era la última oportunidad que teníamos para atacar la cima. Nos agrupamos con otros alpinistas que habían quedado de otras expediciones fracasadas: había una expedición neozelandesa y otra norteamericana en la que estaba una chica Alison Hargreaves muy famosa en Inglaterra, y decidimos subir todos juntos a la cumbre. Ellos irían por la ruta normal, nosotros por la nuestra que ya teníamos preparada y nos encontraríamos en el Hombro.
Iniciamos la ascensión el día 9 de Agosto a las 22 horas, la marcha fue agotadora pues las cuerdas fijas estaban tapadas por la nieve, empleamos en descubrirlas 4 de las 8 horas que duró la jornada de trabajo. Al día siguiente con buen tiempo llegamos a 7.000 m. y ascendimos hasta el campamento "3" que teníamos a 7.100 m. Esta es la máxima altura a la que habíamos sido capaces de llegar. Hacia tanto calor que decidimos escalar de noche y descansar de día. Arrancamos a las diez de la noche, al amanecer llegamos al Hombro, estábamos a 8.000 m. y aun íbamos sin oxígeno, pero teníamos que parar cada diez pasos a descansar, en esta altitud montamos dos pequeñas tiendas, allí fueron llegando los neozelandeses, los americanos y Alison. Al día siguiente a las doce de la noche partirían hacia la cumbre.
Yo estaba destrozado y solo la extrema necesidad para mis compañeros del material que porteaba me dio las suficientes fuerzas para llegar, por lo tanto decidí esperarles protegido en las dos pequeñas tiendas. A las doce de la noche partieron: Javier Escartín, Javier Olivar, Lorenzo Ortiz, Pepe Garcés y los demás expedicionarios. Pepe Garcés se volvió a las tiendas enseguida por que tenía mucho frío, había padecido congelaciones en el Everest y sufría mucho. También bajaron algunos neozelandeses y más tarde un canadiense que nos pidió agua y continuó la marcha hacia su campamento.
Sólo quedaban en la montaña nuestros tres amigos, Alison, el norteamericano Rob Slater y un neozelandés. Durante todo el día estuvieron atacando la cumbre; desde el campamento base y desde el hombro fuimos contactando con ellos por radio y al final muy tarde a las 18,30h nos hablaron desde la cima. Les dijimos asustados que era muy tarde y que bajaran rápidamente, esta fue la última vez que hablamos con ellos. Se nos echó la noche encima y se levantó una terrible tormenta que duró 5 horas, arrasó el campamento base, y por supuesto las dos pequeñas tiendas en las que intentábamos protegernos Pepe Garcés y yo también volaron. Pasamos la noche sentados encima de la nieve con la esperanza de que nuestros amigos se hubieran resguardado en algún sitio.
Al día siguiente la cumbre apareció despejada, no sabíamos nada de nuestros amigos, Pepe y yo lo estábamos pasando muy mal, el viento se lo había llevado todo, no nos quedaba nada, ni agua, ni guantes ni sacos de dormir, teníamos congelaciones en las manos y Pepe se quejaba de frío en los pies, por tanto, como nada podíamos hacer decidimos bajar. Dos días nos costó llegar al campamento base, y durante una semana estuvimos desde el campamento base mirando hacia la montaña esperando cualquier señal de vida.
El canadiense, que nos había pedido agua murió de agotamiento al llegar a su campamento. Los neozelandeses bajaron sin ninguna esperanza de que nadie volviera de la montaña, yo por mi parte durante el descenso había encontrado el anorak y una bota de Alison señal inequívoca de que se había despeñado. Seguimos esperando pues no nos cabía en la cabeza que todos nuestros amigos hubieran desaparecido. En ese tiempo, mientras vino un helicóptero a rescatarnos, nos fuimos cuidando las congelaciones. En el campamento base sólo se quedaron los porteadores para recoger el material y regresar a Skardu.
En el "K2" desaparecieron nuestros tres amigos: Javier Escartín, era mi amigo, mi compañero de escalada de toda la vida, él representaba el alma de nuestro grupo, con su desaparición se perdió el espíritu de equipo del alpinismo oscense que Javier venía liderando desde nuestras primeras expediciones en el año 77. Javier Olivar, fue su primera expedición al Himalaya, trabajaba como guarda en el refugio de Goriz, había hecho un sacrificio muy grande para venir a esta montaña. Lorenzo Ortiz, fue un alpinista muy fuerte y muy completo que había escalado las paredes más difíciles. Era la esperanza del montañismo aragonés.
Ya han pasado seis años, los recuerdos que nos quedan son los ratos tan buenos y agradables que pasamos en aquella expedición; yo no sé si consciente o inconscientemente siempre intentamos que la evocación de estos entrañables momentos superen la tragedia que pudimos vivir. Estos recuerdos nos animan a que continúe nuestra vida con nuevos proyectos y que nuestras ganas de ir a la montaña no hayan desaparecido. Lo importante es como vives y no como mueres, los montañeros tenemos asumido que nos puede pasar cualquier cosa, pero afortunadamente son más fuertes nuestras ganas de vivir y de ascender montañas.