16º Acto. Día 7 de junio de 2002

Café GIJÓN a las 21,00 horas
Paseo Recoletos, 21 - Madrid
Telf.- 91 5215425

CONFERENCIA-TERTULIA y CLAUSURA DE LA TEMPORADA

“HUMOR PARLAMENTARIO”

Por

D. Luis Carandell
Escritor y Periodista


Feliciano Llanas, Luis Carandell y
Victor Márquez Reviriego

RESUMEN DEL ACTO

Intervienen:

L - Luis Carandell
V - Víctor Márquez Reviriego
F - Feliciano Llanas Vázquez

F- Vamos a iniciar el decimosexto acto de la Asociación Cultural Conde de Aranda, que a su vez es la clausura de esta nuestra III Temporada. Para dar el brillante colofón que ha merecido una temporada tan intensa, contamos esta noche con la inestimable presencia de D. Luis Carandell, periodista culto y afable, gran comunicador y también prolífico escritor. D. Luis se inició en el periodismo allá por el año 48, y como él dice, desde ese momento ya no ha hecho otra cosa. Su fecunda carrera periodística abarca todos los medios de comunicación social, destacando su paso por la revista Triunfo, uno de los proyectos periodísticos más interesantes de las postrimerías del franquismo. Allí surgió su celebérrimo Celtiberia Show. Hoy precisamente nos acompaña Víctor Márquez Reviriego, gran amigo y colaborador de nuestra Asociación, que coincidió con Luis Carandell en Triunfo. Victor era el jefe de redacción de la revista, y de esa época nació una gran amistad entre ellos, que se ha mantenido y acrecentado si cabe a lo largo de sus dilatadas carreras. Luis evoca esta amistad en su libro “El día más feliz de mi vida”, cuenta sus inicios en Triunfo, y también recuerda como vivieron juntos codo con codo, en la tribuna de prensa de las Cortes el golpe de Tejero. Este golpe que estuvo a punto de costarnos la libertad a todos los españoles, le costó las siguientes elecciones a la UCD, pero también tuvo otras víctimas, como el elegante traje que ese día estrenaba Carandell y que quedó destrozado con los cascotes producidos por el tiroteo. La Asociación Cultural Conde de Aranda puede presumir esta noche de tener entre nosotros a los cronistas parlamentarios más importantes de la Transición, Luis Carandell y Víctor Márquez Reviriego.
Y si en los ámbitos periodísticos Carandell ha alcanzado un importante reconocimiento y una notable popularidad, no ha corrido menor fortuna en su carrera literaria. Las publicaciones de Luis Carandell se cuentan por éxitos.

Pero esta noche prefiero destacar la personalidad de Luis Carandell por encima de sus éxitos profesionales, su talante afable y accesible, su proverbial cortesía, su tacto, su amabilidad, sus deferencias con nuestra Asociación. Dice Pepín Bello que la amistad hay que cultivarla y cuidarla. Luis Carandell es un buen ejemplo de esta teoría, y la cantidad de amigos y admiradores que tiene, entre los que nos encontramos todos los miembros de la Asociación Cultural Conde de Aranda, así lo atestiguan.
En definitiva podemos resumir todo esto, rememorando a Machado, afirmando que Luis Carandell es un hombre en el buen sentido de la palabra bueno.
Por eso la Asociación Cultural Conde de Aranda en su segunda asamblea general extraordinaria celebrada el 15 de Diciembre de 2001, en su punto 3º. del orden del día tomó el siguiente acuerdo:
Nombrar socio de honor de la Asociación Cultural Conde de Aranda a D. Luis Carandell, por tratarse de un notable escritor y periodista, que ha apoyado las actividades de nuestra Asociación desde su constitución en 1999.

L- Cuentan que en el verano de 1931, cuando hacía un calor espantoso en Madrid, se celebraba una de las sesiones de las Cortes Constituyentes de la República, uno de los diputados se dirigió al presidente y le preguntó: “Sr. presidente ¿podemos quitarnos las chaquetas?”, y el presidente que era D. Julián Besteiro hombre de mucho humor dijo: “Sí, pero cada uno la suya”.
La oratoria es imposible si no se utiliza también la ironía, esto lo decía Plutarco, que seguía los trabajos de Cicerón, y por eso lo podemos considerar como el primer cronista parlamentario. Aunque él no había nacido cuando hablaba Cicerón, se conoce que se lo contaron, y se lo contaron muy bien. Plutarco relataba que Cicerón siempre mortificaba a sus adversarios políticos empleando gracias y comentarios hirientes, y estas chanzas eran sus argumentos más frecuentes.

Con Víctor Márquez Reviriego hemos pasado mucho tiempo en la tribuna de prensa de las Cortes. Hemos gastado mucha paciencia, por que sólo en contadas ocasiones sacamos algún provecho de una sesión de cortes. Hemos pasado tardes y tardes en las Cortes sin sacar jugo alguno. Escribía Fernández Flórez: “Esto es como el mar, el cronista es un pescador, echa el anzuelo, coge algo y dice ha salido el Sr. Navarro Reverter, no me sirve para mi crónica”. En Inglaterra cuentan de personas que hacen discursos tan tediosos, como el de aquel famoso lord que en una ocasión soñó que estaba pronunciando un discurso en la Cámara, y cuando se despertó comprobó que realmente lo estaba pronunciando.
Ya es la hora de dar las gracias a la Asociación Cultural Conde de Aranda y a Feliciano, por el nombramiento de socio de honor y por la invitación que me hacéis, que me permite hablar, os estoy muy agradecido, por que yo si puedo hablar estoy salvado.

Decía Feliciano que Victor y yo estamos unidos por una amistad muy larga, es verdad, estuvimos juntos en la revista Triunfo. Esa amistad se reforzó de una manera definitiva el 23 de Febrero de 1981, ese día nos encontrábamos en la tribuna de prensa del Congreso. Estábamos sentados uno al lado del otro, codo con codo, de manera que asistimos a todo, y pudimos ver y vivir aquella especie de salvajada en primera fila. Pero a pesar de lo dramático del momento, con el tiempo también sacamos alguna anécdota, y es que los guardia civiles que entraron con Tejero se acercaron al profesor Tierno Galván y le dijeron: “Profesor nosotros le hemos votado a Ud.”, esta anécdota pertenece al más puro surrealismo español.

La crónica parlamentaria es un genero muy distinto al de la información parlamentaria. Hoy en día se da sobre todo la información de lo que han discutido los diputados, lo que han defendido los distintos partidos etc. La crónica no es esto, la crónica es recoger el ambiente de la Cámara, describir a una persona que está hablando con otra, contar como a su vez se van a ver a una tercera para pactar con ella etc. Nosotros pasamos mucho tiempo en las Cortes de la Transición, en la M-30, que es el pasillo que rodea por debajo el hemiciclo, y que siempre estaba lleno de parejas de diputados. Los políticos siempre van en parejas como la guardia civil. También solían estar allí los fotógrafos, para poder retratar a las políticos en sus contactos y sus charlas.

Mucha gente, en ese momento en los albores de nuestra democracia, no sabía que el parlamentarismo español tenía una antigüedad de 200 años. Me refiero al parlamentarismo moderno, no a las cortes casi medievales de los siglos anteriores. La sede de estas nuevas cortes estaba prevista en Cádiz, pero las tropas francesas impedían el acceso a la ciudad. Por tanto en Septiembre de 1810 los diputados que pudieron llegar desde sus provincias, se reunieron en la Isla de San Fernando, en la Isla del León. Allí se instalaron en el Teatro Cómico de la Isla del León. Luego pasaron a la Iglesia de San Felipe Neri de Cádiz. Si ustedes visitan Cádiz les recomiendo muy vivamente que se acerquen a esta iglesia. Están grabados todos los nombres de los diputados constituyentes, incluidos los americanos que entonces estaban en las cortes españolas. La capilla del sagrario, situada al lado del altar mayor, estaba reservada para los taquígrafos y periodistas. La prensa y la política de entonces estaban muy unidas, hasta tal punto que, al no existir un servicio especial para hacer el diario de sesiones, tal como aparece ahora, que es una obra monumental que recoge todo lo que se ha dicho desde aquel momento hasta ayer por la tarde, el diario de sesiones lo hacía un periódico que se llamaba El Conciso. En Cádiz se promulgó la Constitución de 1812, y se promulgó el día de San José, por eso se le llamó “La Pepa”. Durante el siglo XIX estuvo muy en uso el grito de “Viva la Pepa”. Durante el siglo XX, el “Viva la Pepa” ya perdió su sentido original, y se entendía más como un “ no me importa nada” o un “todo me lo echo a la espalda”. Se eligió el 19 de Marzo para promulgar la constitución por ser el día de la onomástica del rey intruso José Botella, y de esta forma decidieron fastidiarle de por vida la celebración. Los españoles en lugar de celebrar el santo del Rey celebraban la Constitución. Todos lo grandes personajes del siglo XIX pasaron por Cádiz, bien como diputados, bien como visitantes. Galdós en el episodio Cádiz describió magníficamente los jaleos que se formaban en la iglesia de San Felipe Neri, entre otros los protagonizados por el famoso Cojo de Málaga, aunque algún historiador ha afirmado que D. Benito exageraba un poco. Argüelles fue el alma de la Constitución de Cádiz, fue el hombre que hizo el prólogo de la Constitución, que es de una belleza extraordinaria. Argüelles fue el primer orador junto con Muñoz Borrero, que era el obispo de Badajoz. En cierta ocasión Argüelles defendía desde la tribuna la libertad de imprenta, argumentando que la libertad de imprenta había sido muy importante en la tradición española. Los diputados serviles (que eran los contrarios a los liberales) gritaban: “¡NO, NO, NO ...!”, y Argüelles para demostrar que era cierto lo que afirmaba dijo: “¿Queréis que se abran las páginas de la historia?”, y los diputados serviles empezaron a gritar: “¡Que se abran!, ¡que se abran!”.

La gracia de las crónicas parlamentarias es relatar como se rompen los momentos de mayor solemnidad y prosopopeya con estos comentarios.

Las Cortes de la Gloriosa Revolución de Septiembre de 1868, acababa de salir la reina Isabel de España, estaban formadas por una importante proporción de diputados carlistas, también había una alta proporción de conservadores, y una gran proporción de republicanos, muchos de ellos muy anticlericales. Las presidía D. Nicolás María Rivero. Con motivo del discurso de un diputado catalán, Suñer Capdevila, se produjo una algarabía terrible, por que Suñer que era un médico anarquista, cuyo programa político se resumía con esta frase: “Guerra a Dios, a la tisis y a los reyes”, empezó a contar desde la tribuna que Jesucristo tenía hermanos, y que por lo tanto era muy difícil que la Virgen María fuera realmente virgen. Entonces los carlistas montaron un griterío horroroso: “¡Mentira!, ¡Mentira!, ¡Ante nosotros no se puede insultar a la santísima virgen!, ¡Esto es una indignidad!...”. El General Serrano, Duque de la Torre, que era el famoso general bonito, se dirigió a los diputados y para acabar de estropear la situación dijo: “¡Señores republicanos, un poco de respeto a la vida privada de María Santísima!”.

Hemos conocido dos tipos de hacer información parlamentaria, una la de los pasillos y otra la del hemiciclo. Victor y yo éramos de los que nos quedábamos sentados en la tribuna de la prensa bastante tiempo. En el Congreso de los Diputados existe actualmente un circuito interno de televisión, sólo la televisión de las Cortes pueden grabar dentro del hemiciclo y trasmitir la señal a los aparatos exteriores. Hoy en día los periodistas siguen el debate sentados desde sus despachos, lógicamente sólo ven a un señor hablando, pero no ven los movimientos de pasillos. Para nosotros es mucho más rica la información que se puede obtener en el hemiciclo y en los pasillos. Enrique de Tapia, un importante cronista parlamentario, decía: “En los pasillos se dice todo lo que se piensa sin pensar lo que se dice, en el hemiciclo hay que pensar lo que se dice, aunque no se diga lo que se piensa”. La experiencia nos demuestra que cuando acabas de escuchar a un diputado que ha estado defendiendo una causa y te acercas a felicitarle, muchas veces te puede responder: “Gracias, pero yo no pienso esto, actúo por mandato de mi partido”.

En la restauración hubo grandes personajes que verdaderamente enriquecieron al parlamentarismo español. Uno de ellos fue D. Francisco Silvela. Cuando D. Francisco era jefe del gobierno, en cierta ocasión, ocupando el primer escaño del banco azul, cerró los ojos, un ujier se acercó y tocándole la espalda le dijo: “Su Señoría está dormido”, se volvió D. Francisco y le respondió: “No estoy dormido, estoy durmiendo, que no es lo mismo estar bebido, que estar bebiendo”. Esta anécdota ha tenido muchas versiones. A Silvela le llamaban la daga florentina, por que como decía un periodista: “No hay discurso de Silvela que no produzca desgracias personales”. Otro personaje curioso era D. Francisco Romero Robledo, natural de Antequera. Si uno quería un acta de diputado, no había más que ser amigo o recurrir a Romero Robledo, y éste te daba el acta con toda generosidad, sin saber ni importar lo que habían votado los ciudadanos de esa circunscripción. D. Ramón de Campoamor, el poeta, recibió un acta de esta suerte, incluso fue Gobernador Civil de Alicante. En cierta ocasión un embajador le preguntó al poeta: “¿Por qué circunscripción salió usted elegido diputado?”, le respondió Campoamor: “Yo, por Romero Robledo”. Romero Robledo, aunque gozaba de esta mala fama de amañador y pastelero, era un hombre de gran ingenio. Estando Romero de presidente un diputado le pedía insistentemente la palabra, como Romero Robledo no se la daba, el diputado le interpeló muy enfadado: “¡Sr. Presidente, cuando usted el año pasado estaba en estos bancos, no esperaba a que el presidente le diera la palabra, si no que invadía y empezaba a hablar sin ningún permiso!”, Romero Robledo le respondió: “Señoría tenga la bondad de no hablar mal de los ausentes”. Era una época en que la oratoria rayaba a gran altura. El diario de sesiones tiene discursos preciosos, recuerdo haber leído el discurso de Castelar sobre la abolición de la esclavitud que es una verdadera joya. Maura era también muy agudo, un día que daba un mitin en la calle, un adversario que estaba entre el público le espetó: “ ¡No das una en el clavo!”, y Maura le respondió: “¡Por que no te estás quieto!”. De la talla de los oradores de esa época habla esta anécdota que paso a contaros. Habían nombrado a D. Segismundo Moret académico de la Real Academia de la Historia. El presidente le urgía para que fuera a leer el discurso de ingreso y D. Segismundo daba largas. Los discursos académicos se leen no se pronuncian como en el parlamento. Por fin se decidió D. Segismundo y llegó a la Real Academia con un fajo de cuartillas, las puso sobre la tribuna, y comenzó a leer su discurso pasando las paginas a medida que las iba acabando. Cuando abandonó la tribuna, entre los aplausos y parabienes del publico, dejó olvidadas las cuartillas en el atril. Finalizado el acto los ujieres fueron a recoger la sala y descubrieron que las cuartillas estaban en blanco. Para mí esto es asombroso.

En esa época los diputados eran unos señores muy tranquilos, que iban al Congreso a las siete de la tarde y se estaban hasta las cuatro de la mañana tan ricamente. En esos días las intervenciones parlamentarias no tenían límite de tiempo. Hemos sabido que un discurso del General Prim en el Senado explicando su expedición a Méjico duró cuatro días. Un discurso de Castelar podía durar una hora y media sin que nadie osase a interrumpirle. No se lo que pasaría en las cortes actuales, si un orador empezara a remontarse a los tiempos de Atenas, Grecia, Roma, etc., supongo que el presidente no se contentaría con apretar el botón rojo. Quizá esa libertad y esa tranquilidad con la que se hablaba, sin límite de tiempo, fue el factor que más ayudó a desarrollar esa rica oratoria, de la que hoy no podemos disfrutar por la brevedad impuesta a las intervenciones.

Sagasta también fue un gran personaje de esa época. Contaba su gran amigo D. Natalio Rivas, que un día dieron un golpe de estado siendo Sagasta presidente del Gobierno. El golpe fue en Extremadura, y lo encabezaba el general Villacampa, que por cierto era de Barbastro. Yo he estado en Barbastro hospedado en un Hotel precioso que se llamaba San Ramón, y que había pertenecido a la familia del general Villacampa. El caso es que Sagasta estaba durmiendo tranquilamente, cuando a las cinco de la madrugada entró en su cuarto un criado con un papel llevando la noticia, y despertó a Sagasta diciéndole: “Sr. Presidente, ha pasado esto...”, Sagasta dijo muy enfadado: “¡Pero hombre!, un golpe de estado a estas horas”.

V- Le hicieron una faena a Sagasta, por que Sagasta trató de que la persecución fuera un fracaso y Villacampa pudiera escapar a Portugal, pero lo detuvieron, y Sagasta decía: “¡Que barbaridad!, si lo voy a tener que fusilar”.

L- Las anécdotas parlamentarias no sólo se deben al ingenio de los diputados o de los senadores, hay también incidentes que ocurren, frases que se escapan, errores que cometen los presidentes etc. D. Eloy Gullón que era vicepresidente del Congreso, en una ocasión que le tocó presidir, le dijo a un diputado vasco llamado Valparda: “Tiene la valparda el Sr. Palabra”.
Una de las anécdotas parlamentarias que más me ha impresionado es la del Conde de Esteban Collantes, que fue senador en la época de Dato. En una ocasión, se conoce que el senador no estaba bien abrochado, se le cayeron los pantalones mientras hablaba. Empezó a reírse toda la Cámara, a pesar de que era una Cámara de señores muy mayores y respetables, el Conde tuvo la valentía de esperar a que terminaran de reír, todo cansa, y cuando ya habrían pasado cinco minutos y se había restablecido la calma, se subió los pantalones, se colocó bien los tirantes o lo que fuera, y dijo con mucha parsimonia: “Puestas las cosas en su sitio...” .

También hay otros parlamentarios que no hablan nunca, se les llama los culiparlantes, eso viene de las cortes de Cádiz, donde los diputados votaban levantándose de sus asientos. Cuentan de un diputado llamado Higinio, al que los votantes de su pueblo le fueron a visitar a las Cortes para pedirle explicaciones: “Don Higinio nosotros le hemos mandado a las Cortes, y usted nunca ha intervenido en el Congreso”. D. Higinio les respondió sin perder la compostura: “Que traigan el diario de sesiones”, y les iba leyendo: “Gritos, pitos, pateos, ¡lo ven!, ese soy yo”.

Esta tradición del humor parlamentario no es solamente española, en Inglaterra se lleva muchísimo y desde hace mucho tiempo. Había un famoso primer ministro de los años 20, Joy Jorce, que tenía un ingenio asombroso. Un día en un mitin le tiraron un repollo, cogió el repollo y dijo: “Mi adversario ha perdido la cabeza”. Pero hay una frase aun más certera, en la que yo pienso muchas veces cuando hay una negociación entre el gobierno y la oposición, dijo: “¿Qué por que no negociamos Ud. y yo?, mire, negociar con usted es como darse un paseo por el campo con un saltamontes”.

En la República, contrariamente a lo que pasó en la Restauración o en la Regencia, la relación entre los españoles estaba muy agriada, y eso tenía su reflejo en el parlamento. Había grupos que tiraban tinteros, otros que repartían pitos, bastonazos etc. Los incidentes eran continuos y ni el mismísimo D. Indalecio Prieto se libró de algún bastonazo. Había gente de muy mal estilo en las Cortes, y por eso Azaña dijo a un diputado que había cometido una grosería: “Perdóneme que me sonroje en nombre de su Señoría”. En las cortes de la República ocurrieron incidentes más o menos forzados por sus señorías como el de Ossorio y Gallardo, que había sido gobernador de Barcelona con Maura. En cierta ocasión estaba dando un discurso muy dramático, y se preguntaba teatralmente: “¿Qué será de nuestros hijos?”, entonces desde arriba, desde los bancos altos, lo que nosotros llamamos la montaña, se escuchó: “Al de su Señoría lo hemos hecho subsecretario”. También es muy famosa esta anécdota de Gil Robles, o cuando menos atribuida a Gil Robles, y que sus hijos nunca han desmentido. Estaba Gil Robles hablando, cuando salió de la montaña una voz: “Su Señoría es de los que todavía llevan calzoncillos de seda”, y Gil Robles respondió: “No sabía que la esposa de su Señoría fuese tan indiscreta”. Esta capacidad de réplica era muy admirable, aunque ahora se emplea menos, también existe.

Había en estas cortes un grupo de diputados muy revoltosos, entre los que estaban Pérez Madrigal y Ramón Franco. ¡Asómbrense ustedes!, Ramón Franco el héroe del Plus Ultra estaba en las Cortes como separatista catalán. Yo cada vez que lo pienso me da mucha pena por el pobre D. Paco, ¡tan recto como era!, ¡qué disgustos debió pasar!. D. Paco le escribía cartas a su hermano diciendo: “Mi querido y desgraciado hermano”. Pero bueno, al final lo convenció, porque Ramón murió como jefe de la base aérea de Baleares. ¡Qué épocas pasó Ramón Franco!, cuando proclamaron la República llegó a salir a bombardear el Palacio Real, fusilaron a Galán y a García Hernández, pero Ramón Franco y los sublevados de Madrid huyeron a Portugal y se salvaron. Las izquierdas tenían mucha desconfianza de Ramón Franco, hay un libro de Hidalgo de Cisneros, que se titula “Cambios de rumbo”, que describe muy bien al personaje. Ramón Franco era mujeriego, jugador, desastrado en el vestir, anarquista andaluz y separatista catalán. Todo esto era horrible para su época. Bueno, pues, a este grupo de diputados revoltosos Ortega en un discurso les llamó los jabalís. Ellos se pusieron muy contentos, y se fueron a ver a D. Miguel de Unamuno, que también formaba parte de las Cortes Constituyentes, y se presentaron: “D. Miguel, aquí tiene Ud. a los cinco jabalís de la Cámara”, D. Miguel les respondió: “Imposible, los jabalís van solos o en parejas, los que van en piaras son los cerdos”.

Cuando D. Niceto Alcalá Zamora llegó a la presidencia, Gil Robles le escribió una tarjeta invitándole a que se acercara por los despachos de la CEDA, para hablar, limar asperezas, y de esa forma intentar que D. Niceto cediera un poco en su condición y se acercara a la CEDA, y le pedía concertar una cita para ello. D. Niceto que era un orador pomposo, en esta ocasión le contestó con un lacónico telegrama que decía así: “ Ni-CEDA-ni-cedo-ni-cita- Niceto”.
Victor y yo hemos asistido sobre todo a la Transición, empezamos con la ley de Reforma Política...

V- ¡No!, no, yo llegué después.

L- Bueno, entonces yo te lo conté todo.

V- Y muy bien por cierto, pero lo que mejor contabas, Luis, es las entradas y salidas en la clínica cuando la agonía de Franco... las historias del equipo medico habitual...

L- Sí, sí, la muerte de Franco, no he comentado nada por que ese hecho no es parlamentario. Pero fue muy dramático, yo vi entrar a Dª. Carmen en la clínica con el brazo incorrupto de Santa Teresa envuelto en un periódico. Luego había unas luchas por allí dentro entre Arias Navarro y Villaverde que fue...

V- El médico de Franco y el Marqués de Villaverde se liaron a puñetazos, y lo curioso es que el médico de Franco, Vicente Gil, era el presidente de la Federación Española de Boxeo, ¡pero ojo!, que Villaverde era un carnicero de estoque...

L- A Villaverde le llamaban la medicina armada.
Con Victor hemos asistido a las jornadas en que se debatió la Constitución. Para nosotros fue un periodo parlamentario excepcional, por que fue el momento en que se produjo el mayor consenso posible entre todos los parlamentarios. En esa época se querían muchísimo Fraga y Gregorio Peces Barba, o Licinio de la Fuente y Solé Tura. En cierta ocasión D. Licinio de la Fuente llegó a presentar un enmienda que Solé Tura no se hubiera atrevido a votar de puro socialista que era. Todo eso lo hizo posible el señor Atad. Atad era un diputado valenciano con una oratoria del siglo XIX.

V- Y con una barriga propia del siglo XIV.

L- Atad y los diputados, sobre todo cuatro o cinco diputados, Pérez Llorca, Herrero de Miñón, Gregorio Peces Barba, Solé Tura y Manuel Fraga, organizaban cenas secretas para pactar los artículos de la Constitución. Los artículos no se pactaban en la sala de comisiones como pudiera parecer. Cuando se entraba a la comisión constitucional ya se habían pactado todos los artículos la noche anterior, e incluso en algunas sesiones se llegaban a prolongar los discursos para que no diera tiempo a tratar algún apartado especialmente conflictivo que todavía no se hubiera consensuado. En estos lances la misión de los periodistas era seguir a los diputados y descubrir donde se reunían a pactar. En cierta ocasión, varios compañeros del diario y de TVE siguieron a los diputados, pero estos les dieron esquinazo, y se reunieron en la casa de Gregorio Peces Barba, en su despacho de la calle Conde de Xíquena. Cuando finalizaron la reunión vio Arzallus que los habían descubierto: “Están los periodistas, si nos ven dirán que hemos pactado cosas de los vascos”, y tenía miedo a salir y que lo vieran. Entonces se le ocurrió que salieran juntos los diputados de UCD y PSOE. Estos salieron y apagaron las luces. Los periodistas pensaron que había sido una negociación a dos bandas entre la UCD y el PSOE y se fueron. Pero en el despacho se habían quedado escondidos Solé Tura, algún socialista catalán y los dos vascos Arzallus y Vizcaya, saliendo a escondidas una hora más tarde.

Atad tenía una verborrea fantástica, por ejemplo un diputado le dijo: “Sr. Presidente, he decidido retirar mi enmienda”, y Atad le respondió: “La presidencia agradece mucho la retirada de la enmienda de su Señoría”. Al cabo de un rato el diputado parece que lo pensó mejor y dijo: “Sr. Presidente, quisiera de todas maneras sostener mi enmienda”, y Atad sin perder la compostura le respondió: “De acuerdo Señoría, pero esta presidencia le retira el agradecimiento”.
Una de las escenas con más tradición parlamentaria que presencié en esos tiempos, fue cuando uno de los diputados se quejó de que Atad había salido de la Cámara mientras él tenía el uso de la palabra: “Sr. Presidente, no he tenido el honor de ser escuchado por su Señoría”, y Atad le respondió: “Señoría, esta presidencia no es un cuerpo glorioso”.

F- Se habló en los periódicos de los “locos de Atad”.

L- Eso lo puse yo, por que siempre andábamos locos detrás de ellos. Otro personaje curioso de las cortes de la transición fue Siriñax. Mosén Siriñax, como le llamaba Cela, puesto que había sido cura, dijo que permanecería de pie mientras no se dictara la amnistía. Esto era un problema para el presidente porque cada vez que había una votación tenía que preguntarle si se sentaba, si se levantaba o que pensaba hacer, produciéndose siempre momentos muy divertidos.

Cela defendió varias enmiendas, por ejemplo cambió el rojo y gualda de la bandera española por roja y amarilla. En otra ocasión defendió una enmienda para que a las senadoras se les llamara senatrices, alegaba que si decía meretrices, actrices etc. no se podía decir senadoras. Carvajal que presidía el Senado concluyó: “Estoy de acuerdo con su Señoría siempre que pongamos en el texto en vez de senadores senatroces”.

Las relaciones de los periodistas con los diputados son muy estrechas. Cuentan los ingleses que una vez fallecieron un diputado y un periodista parlamentario. Al llegar al cielo San Pedro los recibió, los pasó a un saloncito, y al político le dio un vaso de vino peleón y un poco de pan. Al periodista le sirvió canapés variados, ahumados, bebidas de todo tipo etc. El diputado se quejó de la diferencia de trato, y San Pedro le respondió: “Tenemos el cielo lleno de diputados, pero este es el primer periodista que nos llega”. Hablando de maldades de los periodistas siempre se cuenta que cuando el Arzobispo de Canterbury fue a los Estados Unidos, viajó en uno de esos grandes barcos de la época, nada más llegar al puerto subieron los muchachos de la prensa y le preguntaron: “Ilustrísima, ¿Qué opina Ud. de los burdeles de los barrios del este de Manhatan?”, el arzobispo respondió: “¿Hay burdeles en los barrios del este de Manhatan?”. Al día siguiente los titulares de los periódicos daban como las primeras palabras del Arzobispo de Canterbury al llegar a los Estados Unidos de América: “¿Hay burdeles ......”.

También existe una famosa crónica de cinco días de un diario de Grenoble, que daba la siguiente noticia: Primer día, “El bandido corso sale de Elba”, Segundo día, “el criminal fugitivo llega a la costa francesa”, tercer día, “Napoleón prosigue su avance”, cuarto día, “mañana llegará a París el Emperador”, quinto día, “Su Majestad Imperial hace su entrada triunfal en la capital de su estado”.

Nosotros hemos pasado mucho tiempo en la biblioteca de las Cortes leyendo a los cronistas antiguos y los diarios de sesiones. Con Victor conocimos todavía a una periodista, Josefina Carabias, que había estado en las cortes de la República, y nos contó muchas cosas. Josefina decía no llaméis a esta sala el salón de los pasos perdidos, se llama salón de conferencias, no digáis el bar del salón oval, si no el merendero del cojo, por que fue Romanones el que lo había instalado, el barman era Chicote.

V- Si, pero cuando nosotros estábamos ya era Manila.

L- Otro cronista fue Cuco Cerecedo. Contó como la Pasionaria al bajar del estrado donde había presidido la mesa de edad de las primeras cortes de la democracia, que fue un momento muy emocionante para los demócratas, porque se terminaba con las cortes domesticadas de Franco, la Pasionaria se equivocó y se sentó al lado del Sr. López Rodó, que estaba bastante alejado de su ideología. Manolo Vicent descubrió que Carrillo no tenía rabo, fue el primero que lo escribió en El País. Victor bautizó a ese periodo glorioso el Adolfato. Contaba Victor en una crónica preciosa, que en cierta ocasión mientras intervenía D. Pío Cabanillas (padre del actual ministro), los socialistas organizaron una bronca monumental, D. Pío seguía tranquilamente hablando como si nada pasara, y cuando acabó se dirigió a la presidencia: “Sr. Presidente, me parece que los señores diputados socialistas no están muy de acuerdo con lo que acabo de decir”.
Otra gran crónica de Victor fue cuando descubrió que Suárez sabía hablar. Escribía Victor: “¡Habla, Suárez habla!”, como cuando un niño dice sus primeras palabras.

F- Es que Suárez ganaba mucho cuando no leía.

V- Todos ganan mucho cuando no leen, pero tienen miedo. Siempre sostengo que lo mejor es lo que ha hecho hoy Luis, que es preparar antes el discurso y luego hacer una cuartilla con unas notas, o incluso si es posible, todavía es mejor escribir la conferencia integramente, leerla, hacer un guión, y luego guardarla. La intervención sale mucho más natural.

L- Modesto Fraile era un diputado segoviano de la UCD simpatiquísimo, le decíamos que era independentista segoviano porque no quería ir con Castilla León. En una sesión de control al gobierno, que se celebraban los miércoles, D. Gregorio Peces Barba que presidía la sesión le dio la palabra, Fraile se levantó y dijo: “¡Señor Ministro de Agricultura!, estamos en Invierno”, se calló y se sentó. Peces Barba se quedó atónito, pero no perdiendo la compostura continuó: “Gracias Sr. Diputado, tiene la palabra el Sr. Ministro de Agricultura”. El ministro que me parece que era Romero tampoco se inmutó: “Gracias Sr. Presidente, Señoría me complace mucho estar de acuerdo con lo que Uds. acaba de decir, ¡estamos en invierno!”. Peces Barba: “Gracias Sr. Ministro, tiene la palabra el Sr. Fraile”, se levantó Modesto Fraile y levantando la voz dijo: “Entonces si estamos en invierno por que no ha hecho la campaña resinera...”.
He tenido la suerte de ser corresponsal en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. En Estrasburgo no se representan países si no ideologías. Allí hay quince estilos parlamentarios distintos, pero todos los diputados tienden a decir algún chiste en sus intervenciones. Existe un espléndido servicio de traducción, pero lógicamente cuenta con bastantes limitaciones. El sistema consiste en que un traductor traduce las intervenciones de los diputados al inglés, y luego todos los demás traductores van pasando el discurso del inglés a sus respectivos idiomas. Esto lleva su tiempo, y es muy curioso ver como la Cámara se va riendo por zonas según les llega el chiste. Hablando con un traductor del Parlamento Europeo le pregunté como se las arreglaba para traducir chistes locales, como por ejemplo el chiste de los chollos de Fraga, y me dijo: “No me preocupo, digo que es un chiste y los diputados se ríen”.

De vez en cuando se ven cosas pintorescas, en cierta ocasión que se discutía un directiva sobre la música, un diputado holandés sacó una flauta y tocó la novena.

La historia del chiste de los chollos de Fraga, es que un día hablaba Solé Barberá y por equivocación dijo que los pisos en Barcelona habían subido un mil por ciento. Fraga afirmó que eso era imposible y entonces Fraga contó el chiste: “Esto que ha contado Ud. de los pisos de Barcelona, me recuerda a unos de mi pueblo que en una ocasión fueron a misa, en el sermón el cura explicaba que ese pueblo era como Babilonia, Sodoma y Gomorra juntos de descaro e indecencia. Todos los feligreses se miraban entre sí asombrados y sorprendidos, las señoras miraban suspicaces a los maridos y viceversa. A la salida los campesinos comentaban: ¿donde encontrara el Sr. cura estos chollos?”.

Para acabar quiero recordar a Azorín y a Fernández Florez, que a mi juicio han sido los dos grandes cronistas parlamentarios. Azorín que llegó a ser diputado tiene unos escritos maravillosos. Todos sabemos lo que era el romancismo. Romanones era un hombre que hacia favores a todo el mundo, enseguida que le pedían algo decía: “No se preocupe ya me encargaré de ello”. Azorín hace una espléndida crónica en la que el jefe del gobierno, el Conde de Romanones, se levanta del primer escaño del banco azul y se va hacia el despacho de los ministros, pero tarda más de media hora en llegar, la gente que se arremolina a su alrededor no le deja avanzar. Romanones se dirige a unos y a otros con gran delicadeza y estima: “Queridísimo zutanez no me diga Ud. más, me acuerdo perfectamente de lo que hablamos”, “pero estimado menganez, Vd. cree que me tiene que recordar algo que para mí es una obligación”, otros exclaman: “¡D. Alvaro, que hay de lo mío!”, detenido así por la masa humana que lo rodea dice Azorín: “Y así, entre apretones de mano, golpes en la espalda, llega el Conde de Romanones al salón de los ministros, ¡He aquí un político¡”. Azorín era un periodista sensacional, sus crónicas siguen vigentes hoy en día. Fernández Flórez era mucho más cáustico e incluso a veces malintencionado, pero sigue bastante al maestro Azorín. En un articulo que escribió sobre la oratoria de Melquiades Álvarez, que era de estos oradores grandilocuentes, pomposos, un poco a lo Castelar, explicaba como cuando comenzaba a hablar D. Melquiades salía de los bancos de arriba, e iba bajando escalón tras escalón: “¡Sres. diputados!”, bajaba un escalón, “¡Como decía mi ilustre preopinante!”, bajaba otro escalón, mientras tanto en el banco azul los ministros temerosos se iban arrimando unos a otros. Decía Fernández Flórez que esta oratoria podía ser un buen recurso por si algún día flojeaba la cosecha de garbanzos. Proponía en tal caso enviar al campo a D. Melquiades: “¡Sres. Garbanzos!”, y enseguida veremos como aquí brota un tallo, allí otro tallo y pronto apreciaremos como verdea todo el garbanzal. También se refiere D. Wenceslao a lo que él llama oratoria del canto de codorniz. Se trata de esos señores que al hablar repiten mucho, por ejemplo: “ Yo conozco un lugar muy próximo a Almadén, tan próximo a Almadén que son la minas de Almadén”, o, “los médicos rurales están sufriendo, están sobrellevando, están padeciendo los rigores de la administración”. No me resisto a acabar sin referirme a una preciosa historia del Senado que escribió Wenceslao Fernández Flórez. En 1904 los senadores no eran elegidos por votación, si no que se les nombraba a dedo. Por lo general eran muy ancianos, a veces tardaban hasta veinte minutos en votar entre que se levantaban y se sentaban. Para demostrar lo ancianos que eran los miembros del Senado, contaba Fernández Flórez que en cierta ocasión un senador, el Sr. Bruizar, estaba mostrando a un amigo la magnífica colección de pintura histórica española que tiene el Senado, y contemplando un lienzo grandísimo de Muñoz de Grain, que se llama la conversión de Recaredo, donde está Recaredo abjurando de la peste del arrianismo, exclamó Bruizar: “¡Gran día para el catolicismo!, pero Recadero no se parece nada!”.
(APLAUSOS)

L- Victor, por favor, seguro que tienes algo que contarnos.

V- Para terminar quería decir a propósito de lo que Carandell ha contado de los periodistas y el cielo, que Luis Carandell ha hecho un milagro. Hubo un editor, que entonces era un joven desconocido, que se llamaba Ignacio Camuñas y que tenía una editorial, Guadiana. Había apalabrado con Luis una biografía de Monseñor Escrivá, pero al ver el resultado Camuñas tuvo miedo, pues estaba empezando su andadura editorial y el Opus Dei tenía mucho poder. Entonces surgió un problema, porque Ignacio Camuñas ya le había adelantado a Carandell un anticipo de cincuenta mil pesetas.

L- Treinta mil pesetas, pero en ese momento ya me las había gastado.

V- Entonces Luis le presentó a Camuñas la posibilidad de hacer otro libro “Celtiberia Show”.

L- Claro, yo quería resolver el problema, y le dije que estaba haciendo esta sección con mucho éxito en la revista Triunfo, y que podría resultar un libro interesante.

V- ¡Y resultó!, la editorial no paraba de hacer ediciones. Esto de hacer rico a Carandell, a mi parecer se puede anotar como un milagro más para la beatificación de Monseñor. Pero a su vez Luis Carandell, en mi opinión, no merece menos ser beatificado que el Padre Escrivá, porque hizo rico a Camuñas con el libro Celtiberia Show, y gracias a eso se concibió el mayor milagro de la democracia española que fue que Ignacio Camuñas fuera ministro.

F- Para finalizar, con el permiso de D. Luis, voy a contar una anécdota parlamentaria, que no se si conoce Carandell. En cierta ocasión estaba un senador propinándole una terrible bronca a un ujier, el ujier escuchaba la diatriba sin inmutarse, cuando el senador acabó le respondió el ujier: “Lo que su Señoría quiera, pero recuerde que aquí el fijo soy yo”.

La Asociación Cultural Conde de Aranda, ya está trabajando en la programación de su cuarta temporada que iniciará en el mes de Octubre del presente año.